No hay nada más eficaz para reconciliarnos

Con absoluto éxito se reeditó el histórico evento del rock uruguayo: “Montevideo Rock”, con 20 mil almas –aproximadamente- colmando las instalaciones del Prado cada día, con recitales que superaron ampliamente las expectativas de unos y otros bajo el marco de los “Festivales por la Convivencia” organizados por la I.M.M. Y el Intendente ya lo dijo: ¡hay Montevideo Rock 2018!


De la con-vivencia

Una adolescente le hace un típico paso de baile en una baldosa a su novio bajo un árbol, nostálgica, feliz; otra ya con más espacio despliega enérgicos quiebres en pasos abiertos y extendidos por el aire super contagiantes como en esas viejas películas y series de T.V., del mismo modo catárticos mientras escucha a los Once (Tiros) esperando a su novio que fue a los químicos. Una pareja cincuentona, como muchas presentes -claro-, pasa observándolo todo con rostros eufóricos que dibujan su espíritu musical ya impreso en pegotines de La Vela y Buitres en sus respectivos termos bajo el brazo. Unos ya poguean frente a Nameless en el escenario secundario. Otros hacen lo propio con los Once en el principal. Todos saltan y corean las partes conocidas de sus canciones favoritas. Todos ríendo. Algunos, como en una previa, conversan fumando sobre la historia del rock y su presente, mientras ven como sigue llegando la gente a la Rural, esperando a los Buenos, que tocan más tarde. La juventud entra corriendo en barra de amigos, padres, tíos, y hasta abuelos, en una diversidad etaria que certifica eso del con-vivir por el propio goce del momento, de la música, del rock. Reviviendo esa historia que hasta hoy permanecía en el imaginario colectivo casi como leyenda, sobre dos días explosivos de rock en los ochenta, que marcaron fuertemente a una (dos) generaciones para siempre. Nuevos acordes lo reviven bajo el mismo espíritu. Rock and roll.


Remeras alegóricas de bandas nacionales en infinidad de jóvenes con formas y colores diversos (aunque predominantemente negras de La Trampa, Peyote, Trotsky, y más) esparcidas como pólvora por todo el lugar (una pólvora mágica que explota sin estallar). El predio se muestra generoso, amplio, con cielo descubierto (aunque nublado) las nubes tiran pasos al azar sin mucha amenaza. Lo espacioso del lugar fortalece el carácter libertario del momento, y muestra lo certero de la organización de sus espacios (en parcelas gastronómicas, de higiene, y coberturas periodísticas) para la gran cantidad de músicos, artistas, y bandas que se suceden una a una entre los dos escenarios. Gente disfrutando gente con la gente al aire libre. Mirándose. Cantándose. Festejando. Fragmentos de representaciones impresas en miles de personas, entre las millones sucedidas y multiplicadas en las horas más vivas del rock uruguayo.

De lo necesario

Si debiera destacarse alguna banda en especial sería imposible, porque de igual modo, cada una entregó todo respondida por su público, al tiempo que clamaron todos por la repetición anual del evento. Y lograron –además de la anualidad ya anunciada- el pogo más grande del rock uruguayo. Nuevas generaciones rockeras que protagonizan hoy como nunca antes los bailes masivos de pogo y/o salto (que nunca abundó por estas tierras -como bien criticaba Calamaro-) mostraron una masa compacta y homogénea en la con-vivencia revelada: todos saltando, todos bailando. Pero todos todos (y no sólo un grupito adelante cerca del escenario, eran todos). Fiesta generalizada. Y el objetivo-marco de revivir este evento bajo los postulados de la –buena- con-vivencia entre la gente, no pudieron ser más acertados y oportunos, no solo por los momentos que arroja la sociedad y la propia necesidad de reactivar el arte la cultura y la música, sino por aquello propio del alma misma del con-vivir y sus ejes prácticos necesarios, como remarcaron a lo largo de la historia pensadores filósofos psicólogos sociólogos y más, como Freud, que dijo en “El Porvenir de una ilusión”: “lo sabemos desde hace mucho tiempo, el arte brinda satisfacciones sustitutivas para las renuncias culturales más antiguas”, y siguen “siendo las más hondamente sentidas”, y “además sus creaciones realzan los sentimientos de identificación” -entre los hombres-, “por eso no hay nada más eficaz para reconciliarnos”.  

 

Crónica: Marcelo Reyes
Fotos: Rodolfo Gerschuni
           Montevideo Rock (I.M.M)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Recuerdos de una noche de verano en Primavera

Superado el clima bajo lluvia, tras unos cuantos días tormentosos de un tiempo que ya se auguraba en adelante muy húmedo, y como efecto mágico de la diosa música, la noche que tocó UB40 se abrió el cielo, levantó anclas el viento y las nubes declararon la paz a los mortales de estas tierras, asomando la plateada por lo alto sobre el costado derecho de la cúpula enladrillada del Teatro de Verano.

Leer más...

Dormidos al volante en la Camacuá

Uno de los proyectos derivados de la banda uruguaya Astroboy, Dormidos al volante, se presenta esta noche en la Sala Camacuá a las 21.00 hs, con un repaso por sus discos y canciones.

Leer más...

Impresiones de una noche Buena anticipada

En La Trastienda Club Montevideo, los Buenos Muchachos dieron un viaje musical con Aire Rico y canciones que volaron poetizando climas y noches entre amigos, melómanos e historia. HER! estuvo allí con el foco revelador de otro artista, que narra una crónica de mil colores en imágenes en blanco y negro.

Leer más...

De promotores tejos calificativos y el sentido del placer

Este viernes pasado en BJ Sala cerraron el año los tejos (latejapride*), en lo que fue su última fiesta del año, confirmando nuevamente la altura del arte musical uruguayo.

Leer más...

Luthea Salom, el encanto de las cosas pequeñas

Se ha convertido en algo así como la banda sonora de los hípsters treintañeros de Barcelona. 

Leer más...