Irradiando justicia

Comenzó el ciclo Aut Out 2015 con las bandas Buenos Muchachos y La hermana menor, en la Sala 18 de Cinemateca Uruguaya.

La noche estaba confusa con su clima, aunque definida por su modo: lluvia y viento, entre hojas caídas y ánimos por el suelo tras la derrota en Quito de “la celeste”, más un día -como muchos- lleno de miles de palabras y acciones determinantes que no nos eran ajenas. La música mucho menos. Salí en busca de amaneceres búho, buscando esas nuevas formas de sonido anunciadas. Amalgamas diversas fundidas entre lo onírico y telúrico, lo humano y divino. verdades nocturnas despertando en estallido. Salir de las costumbres, encontrar gritos que hierven la sangre con ritmo y melodía, bombeando junto al bombo bengalas instantáneas. Buscaba con-moverme, sentir el punto de impacto eléctrico musical, y seguir rodando like a Rolling Stones. Doblé esquinas bajo la lluvia como Gene Kelly para llegar al Cine amigo, ese de olor a muebles viejos y pachuli donde tocaban las bandas. Cine y música. Rock and roll y séptimo arte. Y al llegar fui encontrando cada parte de esto dicho entre cuatro paredes encandilado por el Sol platónico de lo Bueno y su Hermana la Verdad. El Sol de la música irradiando justicia como esa fotografia tan linda del Che, como canta ella

El clima no propicio del mundo ilusorio del afuera encontró su real oposición, en el mundo ideal interior del cinemá. Todo el clima. Arte, artista, espectador expectante. Bailando. Riendo. Y eso que las sombras proyectadas nos mostraron en escena más que a hombres e instrumentos. El juego dialéctico en la mente y un todo trascendental diverso exhultante. Fue la verdad de la Idea aut-out, en cada rostro modificado por dentro y por fuera. Fue el Temperamento...y las bandas aparecieron como imbricadas entre canciones, enganchadas como en cajitas musicales del Dj más conocido de los ochenta (climáticos, claro), en la poderosa expresión del vivo. Mientras un cantante se iba lentamente hacia un costado, de la otra punta emergía otro lentamente enfilando al micrófono, para abrazarlo y contarle sus canciones, como quien ensaya a solas en su cuarto con todo ese poder de la intimidad. Así nacieron las inéditas versiones, que movilizaron en las butacas cinéfilas las nalgas danzantes de los presentes. Como la versión Buena de “Indio negro” de los Hotel Paradise, o “Por ejemplo” de Cabrera, en melancolísima versión potenciada por la garganta daltoniana, que atornillando las piernas cruzadas hundido en la butaca me sorprendí disimulando lágrimas, con-movido viendo cantar a Tussi y Pedro.

Uno de los protagonistas dijo esa misma tarde “Hoy, cuando todo el Uruguay esté mirando un partido de fútbol, nosotros y los Buenos Muchachos vamos a estar haciendo la prueba de sonido para el show de esta noche. No, no nos tengan lástima; nos gusta el fútbol, pero no es lo único que nos gusta, y esto nos gusta más. Mucho más”. Y se vió, sintió y percibió más que eso: que sí vale la pena buscar el “santo Grial” de la música, a pesar del frío la lluvia o palabras arrojadas sin gracia, toparse a pocas cuadras con dos bandas hermanadas por el arte y su propia historia, y un montón de emociones que enfiestan el alma, y como “no nos sabemos aburrir, eso sería una masacre, ¿qué más puedo decir?"

 

Crónica: Marcelo Reyes
Foto: Cinemateca Uruguaya