Como una banda de santos ateos

Como disparo emergió la poesía. Como alegato nocturno. Como un cadáver exquisito servido para dos en colectivo, como un Caos Poético que abrió un recital de palabras musicalizadas. Un vagar por hondas interrogantes y cuestiones del ser. Quejas-penas, dolor que no sabe nóminas sino de “corazones que se esconden, del peligro de otro adiós, escondidos”.

La noche convocó poetas en la Zitarrosa, caos, chillidos, bestias. Desde una tripulación hermanada en música y alegoría. Y un empeño compartido hecho resistencia: de esgrimir versos, de hacer poesía.
Y se hizo como barrial, con voces de fondo que apuntalaban el camino, como en juego íntimo de campito. Porque sabían seguro, eso que “vos sabes mejor que yo, que no hay nada sin amor, camino hacia la nada”. Esa nada que pregunta insidiosa al ser por el no-ser siendo que es el ser, a través de una verdad abierta recitada con sentido recursivo rockero, rioplatense, ochentero, urbano, oscuro, visceral. De un preguntar retórico en diez mil tautologías subyacentes de los versos jamás escuchados.

Y así después llegaron las Bestias...Como una banda de santos ateos deambulando el mar. Músicos de un ultramar que camina solo, música de bodevil, estallido de los oídos que pronostican tormenta. Porque chillan las bestias, chillan a sabiendas de su muerte, mucho antes de ser lacerados por el machete del ser. Una lágrima con la piel erizada de tantas verdades promulgadas por un ángel de todos nosotros, en una marea azorada de tanta belleza con flores de baldío. Estribillada, un violín que ejecuta la disonancia, un piano tanguero de un amor otoñal, la batería desaforada de las incredulidades de un capitán con miedo de todo eso, todo eso. Todo eso junto y tan lejano como las nuevas melodías que no conocemos y quedan enganchadas con su anzuelo en el ojo.

La vida, amor, la vida. Que nos enseña en su aullido de perro con puño cerrado que aquel hombre ya no nos podra hacer daño. Porque hicimos “de puño el corazón/ para apretar al dolor”, porque “esto de amar/ usa vida/ marca la piel / y la entibia al sol / con vos”. La vida, loco, la vida. Que nos junta como puede como hermosos arlequines para marchar victoriosos y hermanados frente a la mirada incrédula de los malditos. !Sana idolatría!, sana las heridas con la sal de una inundación en la mirada de un traidor. Porque “ahora el barco tiene capitan”, y “la jaula vibra libertad”.

Una sirena estribillada, si, canta, y eso es todo. Dalton, que oficia ora como hermano mayor, siempre sabrá defendernos.


Crónica: Xime de Coster y Marcelo Reyes
Foto: Camila Altez, de Caos Poético
Sala Zitarrosa, viernes 12 de febrero de 2016