Un encuentro de amigos que se escuchan y se cantan

Catupecu Machu pisó sin el suelo La Trastienda Club Montevideo nuevamente, y en unas horas de extrema intensidad compartió una noche explosiva, así nomás, como entre amigos.

Como una rutina entrañable querida por todos, que repite ritos, palabras y emociones a una sala llena de amigos: Fernando Ruiz Díaz habló de su enamoramiento con Montevideo, de su intención de tener un lugar frente al mar en nuestra costa. Recuerdos conmovedores con Gabriel componiendo. Los músicos de acá y sus encuentros. El “vino uruguayo loco”, “¡me tomé unos tannat hoy!!”, “Cuadro dentro de cuadros”. Conversaciones abiertas en escenas cómplicemente sabidas, como esas anécdotas que siempre se repiten en las reuniones de viejos conocidos. Como un encuentro especial de amigos que se escuchan y se cantan. Que se festejan y liberan sin tiempo, extasiados por la intensidad del momento. Y las palabras no se aguantan, y empujan las ganas de reir, saltar, bailar, porque “la adrenalina quiero sentirla de este modo”, con el gesto de guitarra en la mano, o acompañando el ritmo que pega bien en el pecho del charleston y el redoblante como en acto fallido. “Magia veneno” . “...Anhelo de Satisfacción”. “Entero o a Pedazos” volver a cantar, volver a reir, yendo por “maderos de viejos andenes, las vías muertas nos quieren llevar a nuevos cruces infinitos, destinos imposibles, noches de nunca acabar”. Momentos de euforia y quiebre emotivo, siempre dinámicos, siempre re-veladores de entrega total, como eso, como unos buenos amigos que se ven de vez en cuando, y pelan todo lo que tienen adentro sin dejar nada en la garganta. Y así rockear.

Otra noche de rutina se vivió en La Trastienda. Rutina en sincro. Rito que ejercitó los músculos del cuerpo y el alma con aplanadora novedad, en notas cargadas de un arrabal porteño arremolinado por gritos, distorsión y una poesía atravesada de existencia. Esa costumbre de enfiestar a muchas personas al mismo tiempo, siendo solo rock and roll. Y después salir cantando por ahí las partes más lindas.


Crónica: Marcelo Reyes
Foto: Martín Pereira (Catupecu Machu)