De promotores tejos calificativos y el sentido del placer

Este viernes pasado en BJ Sala cerraron el año los tejos (latejapride*), en lo que fue su última fiesta del año, confirmando nuevamente la altura del arte musical uruguayo.

De lo percibido…

Una fiesta. Como esas que uno tímidamente –por su propia forma- va entrando en clima y ambiente, o directamente con bailes espontáneos inmediatos. Fiesta era el anuncio y fiesta fue. Más allá de presentismos y numeración de espectadores (de tan relativa argumentación en Uy). Cada vez más en confianza público y artistas terminaron cantando, saltando, riendo. El sentido del trabajo tejo en el ritmo, ese que promueve el movimiento, el quiebre, fue lo evidente. El tempo, la palabra, la fuerza, esos pilares en los que los quiebres del rap o hip hop se construyen dialécticamente, evidenciaron lo que estos tejos de la teja tejen con otros con orgullo. Y no hay duda, aman lo que hacen, se ve en sus productos. En las ganas, la voluntad, ese motor de los vivos, de sus canciones, piezas perfectamente organizadas para la liberación. Que es decir para el baile, el salto, la sonrisa en jóvenes y melómanos. Eso se vio sintió y percibió. Ver reir al otro que escucha y siente a otros con placer. Y escapa a calificativos engañosos de cuantificación estadística de conciertos, es esa sonrisa que se abre la que narra en silencio o cantando toda la acción sucedida. Y certifican dos cosas: lo bueno de la música uruguaya, y lo bueno de sus creadores. Arte. Cultura. Sentido estético de creación liberadora que de la manera más misteriosa, promueve en la mente de uno la capacidad de organizar la belleza y compartirla con otros. Organizar el impulso, transformarlo, y darlo. Eso que se percibe y evoca en la música y entre estos tejos sus tejas y tejanos:

Lo liberador…

Ese sentido de generar, de promover, de liberar (liberándose) magia, expresión, uno mismo. Ese sentido musical que invisiblemente atrapa, abraza, y contagia. Que moviliza y enfiesta. Desde la Antigüedad hasta hoy pasando por Freud, el hombre se mueve hacia lo bueno y la felicidad (Aristóteles), y hacia ese bendito sentido del placer, recordaría el fundador del psicoanálisis (sin lo eclesiástico de estas palabras). Y es lo que hace al hombre hacer lo que hace, buscándolo, para él mismo y los demás. (Siempre, desde el nacimiento en adelante, a pesar del engaño del “individualismo” de unos y otros, siempre es para sí y para otros) Y si en medio de problemáticas de violencia e inseguridad que se percibe y se escucha, vamos comprobando empíricamente en la propiedad de los hechos de estos vivos (conciertos): el gozo, el placer, la paz (y hasta relajación que generan y se vive en ellos), en sistemática formación y promoción cultural; despiertos que despiertan a otros a encenderse encendiendo. Si en un ambiente determinado un grupo de personas inspiradas en acción, provocan la sonrisa espontánea, el movimiento, la liberación de canto y expresiones cuasi-mímicas, en un espíritu de fraternidad conjunto, ¿no sería bueno ver que estos promotores de lo bello se multipliquen como hormigas liberando/liberándose en fiesta en cada barrio, en cada zona, en cada departamento, desparramados como soldados del placer, “ganando a la ciudad” baldosa por baldosa? Esas cosas, ¿no?, que además del baile y la liberación, puede dejar un vivo tejo. Y eso es rock!

por Marcelo Reyes