Recuerdos de una noche de verano en Primavera

Superado el clima bajo lluvia, tras unos cuantos días tormentosos de un tiempo que ya se auguraba en adelante muy húmedo, y como efecto mágico de la diosa música, la noche que tocó UB40 se abrió el cielo, levantó anclas el viento y las nubes declararon la paz a los mortales de estas tierras, asomando la plateada por lo alto sobre el costado derecho de la cúpula enladrillada del Teatro de Verano.

Regresaba UB40, una de las míticas y más populares bandas de reggae en el Mundo, pasados ya casi 30 años de su visita tumultuosa por el Cilindro Municipal de Montevideo (allá por el año 1989) y lucen y suenan como Gardel, cada vez mejor. “Here I am” dijeron, y comenzó el chow. Casi con puntualidad inglesa. Hit tras hit tras hit tras hit de una noche de verano del 92 o del 90 con Berch Rupenian anunciándolos en sus programas estivales (fan declarado en su momento) que se fueron resbalando, abrazados por las horas al son parejo, acentuado en su segundo y cuarto pulso de cada compás y afirmado por la guitarra en su “tercer beat”: ¡reggae! Así como se imaginaba uno allí instalados en el sueño ya al escucharlos, ese calor de enero y las playas más lindas de las costas del Este (o el Oeste). Azul marino de fondo, el sol de costado, y esa brisa perfecta que entorna los ojos empapados en mar y cielo conectados por entero a Natura. Ese tipo de magia que tiene el reggae (y la música) de conectar notas con recuerdos, deseos, imágenes, historias vividas o por vivir. El Mundo como voluntad y representación: como viajar para liberarnos con tan sólo escuchar il tempo. Il tempo fue de “Don`t break my heart”, o “I can`t help Falling in love with you”, o “I Got you babe”, “Kingston Town”, o con el protagonismo de Astro Wilson; su himno reggae-pop “Rat in my kitchen”. Y así una tras otra hasta ese “Rojo Rojo Vino” compartido tras el set principal, que llegó en forma de bises, tras los coros y ovaciones de todos los que querían más Poción de Milagro: UB40.

Campbell lideró el despliegue escénico y musical en todo sentido, en un escenario minimalista (apenas una bandera con su nombre en el fondo de las tablas), reforzando la propia impronta de la banda con su timbre incomparable siempre por encima del resto, que es lo que a uno le hace decir siempre “¡UB40!”, inmediatamente después de escuchar el rasgueo y globalidad principal que los hizo y hace únicos e incomparables en el género desde los ochenta hasta Hoy.

Y como siempre: floreció en los presentes una sonrisa en el rostro, de cuerpos balanceados perfectamente acompasando sincrónicos la melodía cuadrada, con un público intergeneracional en donde se podía ver septuagenarios de la mano de niños o adolescentes, bien dispuestos para el encuentro. Elogiando en aplausos. Reconociendo en cantos a capela las canciones más conocidas. Pacíficos. Extasiados. Liberados liberando recuerdos de una noche de verano en Primavera.


por Marcelo Reyes
Foto: UB40