Como un nuevo creyente

Comenzó la quinta edición del ciclo Aut-Out de la productora uruguaya Hasta las manos, con un show impactante de las bandas Los Nuevos creyentes y The Supersónicos.

"Bajá las luces, lo más que se pueda mejor" dijo Matías Singer, guitarra y voz de Los Nuevos Creyentes al comienzo, "así, así, ¡buenísimo!", y siguieron tocando rápidamente sus canciones bajo tenues luces que dejaban ver sus caras de manera intermitente entre las sombras de sus cuerpos, algún destello de un instrumento, y los cuerpos de la batería iluminados con un fondo de luces verdeazules, empecinadamente platónicas: arrojándolos más que nada a ellos frente al público, con ese sonido hipnótico surfersicodélico punteando cuerdas metálicas como entubando olas en L.A. "Piel de gallina", "esto ya lo viví"(?). Polvareda desértica de esas típicas películas del Oeste impresas en la memoria llegaban naturalmente como oleadas con baladas como "Espectro", y uno se sorprendía impostando voz e insertando coros en esos dilatados acordes a la par, riéndose sólo como los locos y repitiendo inevitablemente al final de cada canción: "que hijos de puta, que hijos de puta..". No era solo la altura alcanzada por el climax instrumental-global de la banda, era ante todo la interpretación. Ese espíritu roquero de los sesenta traído a la perfección.

Después del impacto Los Supersónicos tiraron toda la carne sobre la parrilla, como se dice en estas noches de asado de primavera-verano (aunque invernal): desde sus canciones infantiles (mini-peluche-tiranosáurico en mango de instrumento de cada uno incluido), hasta legendarios covers de estos Nuevos Creyentes suyos; pasando por sus increíbles fusiones populares y protestas medioambientales entre canción y canción, con su humor crítico-político-y visiones científicas sobre monocultivos, pasteras, y conflictos nacionales e internacionales tan agudos y picantes como siempre certeros, inteligentes y oportunos; así como estas producciones de Patricia tan llenas de buen gusto y alteridad que tanta falta hacen, "haciendo canciones de Otros con Otros", como dijo el Creyente principal, agradecido de estar allí festejando la música con Otros, dejando alma y vida en la sala con nombre de filósofo. Y no en vano Leo Lagos antes de comenzar su show supersónico -después de semejante revelación Divina- dijo totalmente absorto, "bueno, ya los habíamos escuchado, pero nunca los vimos en vivo, y bueno, al verlos uno ya se puede morir tranquilo, porque ya lo vió todo". Y realmente, uno salía como convertido, con el pecho inflado y el alma abierta como un nuevo creyente.

Crónica: Marcelo Reyes
Foto: I.Sánchez Mello