Entrevista a Marianella Morena

“El arte nos ha permitido perpetuarnos en el infinito, en las utopías, y en las fantasías… Ninguna persona, ninguna sociedad, pueden vivir sin él”



Directora teatral, dramaturga, docente, Marianella Morena egresó de la Escuela Integral de Arte Escénico de El Galpón. Realizó estudios especializados en Polonia –Nuevas Tendencias- trabajó en París en el Centro Dramático Nacional D´Ivry, con su director Adel Hakim. Fue convocada para dirigir la Comedia Nacional, el teatro El Galpón, grupos de teatro independientes del medio y extranjeros, por productoras e instituciones públicas y privadas; y fue coordinadora del programa Laboratorio de Artes Escénicas de la Dirección Nacional de Cultura del MEC. Investigó las confrontaciones escénicas en espacios de convocatoria masiva (discotecas e intervenciones urbanas)  y obtuvo premios Florencio, Moliére y Solos en el escenario, por varias de sus obras.  Desde el año 1996 se dedicó a escribir para escena (Los Huecos del Pan, Amnesia, Elena Quinteros presente, Resiliencia, Antígona for ever, Las Julietas, entre otras), con un estrecho vínculo emotivo-creativo con la realidad, lo humano, la identidad individual, histórica, y la artística, en una experiencia que llevó a teóricos nacionales y extranjeros a estudiar su trabajo creativo.

Experimenta el arte como en su propia vida, de manera sanguínea, intensa, original, abierta a lo apolíneo y dionisíaco fundidos en su alteridad y dialéctica equilibrada o no, sobre la realidad que busca, encuentra y direcciona con la lucidez propia de quien no tiene normas ni dogmas y vive a pleno su propia libertad, con la gravedad más excitante que este término pueda asumir sin ambages, “lo abierto de un abierto” -al  decir heideggeriano-. Y con-mueve. 

Convocamos la entrevista, y el resultado del intercambio fue tan rico como sus propias obras, visceral, desafiante, colorida, reveladora. Y partimos de la pregunta clave:

¿Qué es el arte?

Una forma de desobediencia que ha dado resultados muy buenos.

En este siglo el arte está aunque no nos demos cuenta, y eso ha sido la gran ganancia: ingresar en la vida de las personas como una condición  casi biológica: se ha naturalizado, se ha socializado. Nadie puede vivir sin él, aunque no lo elijas. El arte está en la cultura, en la educación, en la Historia, en la sociología, filosofía, política, economía, deportes. Después está lo que uno elige. Ya sea como espectador, protagonista o en diálogo. Si el arte no estuviera presente nuestra sensibilidad sería otra, aunque decidamos elegir vivir sin él, igual nuestra percepción de las vivencias serían otras, nuestra subjetividad y nuestra inteligencia serían otras. Por lo tanto, al día, es innegable la presencia artística en los proyectos colectivos y en los individuales. El arte nos ha permitido perpetuarnos en el infinito, en las utopías, y en las fantasías. Nos ha permitido el delirio de habitar otras pieles, mundos, estados, nos ha habilitado la razón, y la locura, sin perdernos, sino más bien que nos da los extremos sin riesgos. Ninguna persona, ninguna sociedad, pueden vivir sin él. Nos ha condicionado como seres humanos insaciables de producción y de felicidad.

¿Y cómo ingresó el arte a tu vida, qué provocó en tu forma de ser y sentir la vida?

Mi primer contacto con el arte fue mi rebeldía. Desde niña, a pesar de no estar en un ambiente que cuestionara las cosas, yo cuestionaba todo. Desde el colegio, la ropa, los hábitos domésticos y las costumbres culturales. Siempre fui desobediente. El siguiente paso fue ser mala alumna y cuando estaba a punto de ser una marginal en el sistema el arte me rescata.

Recuerdo  que me aislaba mentalmente. Eso lo empecé a hacer en la primaria y ya en la secundaria era un esquema habitual. Proyectaba situaciones y luego me colocaba en ellas. Pasaba mucho tiempo dedicada a experimentar lo que imaginaba. En el liceo recuerdo que nada ni nadie me interesaban. Padecí enormemente la educación formal. Era muy terca y no comprendía las renuncias que se deben hacer para lograr lo que realmente te interesa. Actualmente tengo mi teatro y un hijo. Mi vida está en relación de la creación. No es al revés. Lo que busco fuera del teatro es para tener nuevos sentimientos que necesito para mis personajes. Vivir una situación para poder dramatizarla. El dominio y la libertad son paralelas que me condicionan. Sigo necesitando esos pensamientos aislados que me rescatan de cualquier lugar y me trasladan,  son como huérfanos buscando un territorio. La creación te ofrece la libertad y las leyes son tuyas. Nadie te reclamará un desorden, un grito fuera de lugar, un estallido. El teatro absorbe las emociones y las convierte en escena tenga o no tenga que ver directamente con la ecuación original. 

Yo pongo a producir mis sentimientos. Lo único que trato de mantener en mi vida privada son estados anímicos intensos. No importa si es alegría o tristeza, da igual, lo importante es sentir. Lo importante es tener un estado voluble para abrir la herida. La felicidad levanta paredes y uno se vuelve poco reflexivo cuando está en estado alfa. No es una apología de la locura, pero sí de la convivencia de tus ángeles con tus demonios: ellos producen. En igual medida, y hay que quererlos por igual: a los ángeles y a los demonios. 

Nunca hice terapia, y no me interesa que alguien me ordene mi sistema. Necesito el desorden, y necesito de una naturaleza propia porque de ahí se produce la originalidad y la identidad. La felicidad opaca la crisis y te engorda. 

Soy artista y asumo la soledad. 

Tuviste la oportunidad de conocer puntos neurálgicos para el arte y el teatro en particular en el mundo. Caben muchas preguntas: ¿Cómo viste la realidad del teatro en esos países y el papel del arte en ellos? ¿Cómo viste la participación de la ciudadanía en general y qué capa etaria destacarías en ella? ¿Y qué significó toparte con ciudades, centros y autores referenciales a nivel mundial?

Sí, he viajado, y siempre con mi trabajo. En Latinoamérica, EE.UU y Europa.

Nunca me paré con una pluma en la cabeza. Ni fui buscando verdades ajenas. Sino buscando las propias en diálogo con otras realidades. Desde ese lugar he estudiado, trabajado y llevado mis cosas. Del mismo lugar que di vuelta la verdad para trabajar un clásico y plantearlo desde este lugar, desde quien soy y donde vivo. Es ideología. No me deslumbra Europa. La primera vez que fui tenía 25 años, estuve becada en Polonia, pasé por Rusia, y en las vacaciones trabajé haciendo performances en KU, una discoteca de Ibiza (Islas Baleares) con capacidad para 5000 personas. Desde ese entonces he vuelto varias veces. Y cada vez me interesa más el intercambio y desde ese lugar he desarrollado mi obra. Y desde ese lugar comparto mi método.

Lo que yo puedo ofrecer es la capacidad que he desarrollado para capitalizar la adversidad.  Creo que ellos tienen sus fortalezas y nosotros las nuestras. Hay que correrse del lugar del país pequeño, chiquito e invisible. Si vos no te ves nadie te verá. El asunto empieza por casa. Si no te querés nadie te querrá. 

Fuiste premiada, ¿Qué significaron para la artista, la profesional, la creadora, los premios?

La vida es diaria, y depende de cómo se la mire. No tengo estabilidad económica y no sé de qué viviré dentro de unos meses. Nunca le presté atención a “ser reconocida” porque nunca me interesó, es decir: no trabajé para eso, no está en mis metas, directamente porque no tengo metas. No funciono así. Me interesa  la libertad y su ejercicio. El resto puede desaparecer. Me importa trabajar. Tener mucho trabajo. No tener tiempo. Esas cosas me gustan. Me resulta peligroso el concepto de: “hallazgo”, si aparece trato rápidamente de desmantelarlo. Cuando se trabaja sobre “fórmulas” se deja de crear y se entra en otra zona. Eso no quiere decir que uno no tenga sus territorios conquistados y los use para refugiarse en medio de la tormenta. No creo en el éxito, y mucho menos en Uruguay. No sé qué es, o  no tiene nada que ver conmigo, ni con mi mundo. 

Vivo en una casa sin muebles, y trato de tener cada vez menos cosas. Mi hijo me reclama una mesa y sillones “como en las casas normales que tienen living”, dice él. Nosotros tenemos un espacio para ensayar. Esa es mi vida. Y me encantaría vivir en un país socialista donde el dinero no sea el tema obligado de las personas. El capitalismo es tan mentiroso que te hace creer que sos libre porque tenés 200 marcas de yogur en la góndola. Y porque tenés rebajas permanentes y donde “tenés que comprar”. Es terrible la dispersión que te provoca. En eso Montevideo tiene muchas ventajas, hay tan poco que uno no se distrae siendo otro. Uno se encuentra más rápido, hay poca dispersión. Me siento muy cómoda trabajando acá. Me siento muy cómoda en todos los lugares donde he trabajado. Tanto en la Instituciones como en lo independiente. Ahora en El Galpón fue una experiencia excelente porque la confianza del equipo que me contrató fue total, y eso es imprescindible para un artista.

El trabajo con la realidad que acoge a los seres humanos, la subjetividad que participa de lo real y se ve “modificada” por ella  fue algo característico en tus obras, explícito con alevosidad brechtiana en Huele a fiera recientemente, ¿Cómo ves la relación actual de lo antropo-ontológico en los procesos de post-modernidad que se viven en el siglo XXI? ¿Cómo ves el arte en ese juego? ¿Qué rol ocupa? ¿Qué rol le otorgarías y por qué? Y ¿Cómo ves al teatro nacional en esa dinámica?

Es innegable el uso que se le da en lo real a las herramientas de ficción. Desde la imagen, voz, comportamiento gestual, ritmo en los discursos, edición, actitud, carisma, ser más o menos “libre”, de acuerdo a las tendencias de moda. ¿De dónde se toman todas esas cosas? Uno ve un informativo y es editado. La edición es ficción: elijo esto, en este orden, este tiempo, esta toma,  etc. Aunque el material no tenga intervención. La edición es ficción. Por lo tanto es muy complejo hoy en día en los formatos masivos de los medios decir dónde empieza lo real y donde la ficción. Y eso es material que se toma desde los espacios artísticos pero que la gente los naturaliza como reales. Y no se evidencia el origen, ni se reflexiona como tales. Hasta los periodísticos son ficcionales.  Creo que la ficción en su concepción general debería pararse y decir: basta de traficar con nuestras herramientas sin pagar derecho de autor y tener actitudes más rebeldes a nivel de formato, y dar pelea sin quejarse tanto. Hay que estar más pendiente de los movimientos. Esa es nuestra tarea. Y no estar tan pendiente de una tarea museística. El teatro es presente y como tal debe comportarse. Ser más reactivo y polémico. No estamos para conformar ni para entretener. Ese rol ya está cubierto y ampliamente cubierto. No podemos estar pendientes si gustamos o no, si nos quieren o no, si la crítica nos aplaude o no, si nuestros amigos, colegas, jefes, o quienes nos dan dinero, les gustamos o no. Nuestro rol es generar debate. No hay que ser condescendiente y dejar a la gente cómoda en la platea. Nuestro rol es ser desobientes hasta el último día. Me refiero a una actitud en tu vida y en tu sistema de producción.

Uno de los rasgos típicos de tu currícula e historia artística es la de crear centros para difusión del arte, ¿cómo empezó eso y cómo ves ese tipo de creatividad en el universo escénico de hoy en Uruguay y el mundo?

No pienso tanto por qué hago las cosas. Las hago. Luego trato de sistematizarlas y darles un marco teórico. Las ausencias de proyectos y estructuras movilizan la acción y no soporto la queja, ni la charla de bar para cambiar el mundo, ni la peluquería portátil donde todos son imbéciles menos yo. Nada como la acción para despejar los malos pensamientos. Porque después estás concentrado en resolver cosas concretas. En eso soy masculina.

¿Cómo ves el teatro a nivel internacional y en particular en nuestro país? ¿Y cómo ves el relacionamiento, la interacción con el público?

Es una pregunta enorme. No conozco todo el teatro. No sé qué pasa con el teatro asiático, ni con el africano, ni con el oriental. Hay una parte importante del mundo que desconozco.

El teatro es un reservorio ecológico, y en plena expansión virtual, digital y todo eso, nosotros pasamos a ser una cosa exclusiva, maravillosa, una rareza deseable. Estamos reciclando energías de luz. Debería haber más elencos estables subvencionados y más presencia internacional. Entender que el turismo no es solamente la exportación deportiva, y que Uruguay ofrece algo más que playas y campo. El turismo cultural es un hecho desde el momento que nosotros estudiamos la historia de Grecia a través de su arte y luego nos tomamos un avión para ver sus ruinas y sacarnos fotos. Así que de nuevo no tiene nada, pero a mí no me compete evaluar eso. A mí me compete trabajar como una bestia para demostrar en el extranjero que Uruguay no es Paraguay y que nosotros también tenemos cosas para decir. Y las decimos desde la originalidad, que eso es lo único que te diferencia de un argentino, un francés, o un ruso. Nadie más elaborará escénicamente ese discurso como vos lo hacés. Eso es crear lenguaje. Eso es marcar presencia. El teatro debe ponerse de pie y andar. Un clásico puede mostrarse desde una óptica uruguaya, ¿por qué no? En nuestra gira de latinoamericana y europea con Antígona Oriental una de las cosas que impactó fue contar la tragedia nuestra. Dolores hay en todos los tiempos, y en todos los pasados. Tragedias hay. No hay que importar tragedias: nosotros tenemos las propias. Eso es construir lenguaje. 

En mi corta experiencia con otros países, creo que estamos en un excelente momento para programar proyectos de colaboración. Pero nosotros no debemos tener miedo de tomar decisiones. Por ej: ahora en junio y julio viajo de vuelta a España, esta vez con Las Julietas, eso hace que represente a Uruguay, aunque no viaje en misión oficial, y sea un emprendimiento privado. En las entrevistas, en la presentación representas a Uruguay. En la prensa, te hacen las mismas preguntas: ¿cómo es el teatro uruguayo? Y vos hablas. Contas las cosas buenas que tenes, la rareza del teatro independiente (que nadie entiende) y terminás siendo embajadora cultural.

¿Y qué perspectivas ves para el teatro en nuestro país?

No sé. No trabajo en políticas culturales, aunque naturalmente me encanta el concepto de ampliar la dramaturgia personal a una dramaturgia de partes donde todos estemos en escena. Una creación que nos involucre. La gestión cultural es un ejercicio poderoso que te mide los límites, las fuerzas y te ponés en segundo lugar pero lo hacés desde tus convicciones por lo tanto es una dualidad bien rica para ejercer. 

Si pienso en el mejor ejemplo del mundo que es Alemania. Con una inversión en teatro públicos altísima. Descentralizado, donde cada edificio teatral tiene su elenco y su producción dramatúrgica. Su departamento de dramaturgia. Los elencos giran nacional e internacionalmente. Tienen el mismo valor los de ciudad grande que los de ciudad pequeña. Con los años incide en la calidad artística de sus espectáculos. Son muy rigurosos con el compromiso político y no existe la censura. Vi espectáculos donde criticaban duramente la política de sus jefes. El arte es un espacio libre de censura, aunque se metan con temas difíciles. La libertad genera libertad. Y el arte es un lugar perfecto para eso. El acuerdo está dado entre todos.

Los teatros están llenos y públicos de todas las edades. Muchos jóvenes. 

Ese si es un punto que me interesa, la captación de nuevos públicos. Nosotros si bien trabajamos para el presente, debemos pensar en las generaciones que no se acercan al teatro porque casi no se producen proyectos escénicos para jóvenes y adolescentes.  Que no son las generaciones “futuras” como se suele decir, porque parece que no estuvieran compartiendo este tiempo con nosotros a la espera de “su tiempo”. Es un problema nuestro a resolver.

Si tuvieras que marcar un hito, o varios, en tu vida artística, ¿Cuál marcarías y por qué?

No tengo una vara. Ni tomo medidas. No quiero pensar  a través de lo acumulado. Necesito vivir desde lo que no sé y desde lo que me falta hacer. Eso me mantiene viva. La vanidad es tonta, frívola y te aleja del centro. No quiero perder la duda. Esa es la verdadera juventud, y eso es lo que quiero: un corazón joven, vulnerable, expuesto para que lo amen o lo maltraten porque es casi lo mismo. Sin miedo. 

 

Entrevista: Marcelo Reyes
Fotos:        Alejandro Persichetti

 

 

 

El arte nos ha permitido perpetuarnos en el infinito, en las utopías, y en las fantasías… Ninguna persona, ninguna sociedad, pueden vivir sin él”