Entrevista a Claudia Forcade

Hay que “darle al arte un lugar más preponderante en la vida de todos, creo que sanaría unas cuantas almas. Da más paz que el Prozac, te eleva más que las drogas, te enriquece más que el consumismo desmedido, etc.”

 

Claudia Forcade es artista plástica uruguaya, actualmente radicada en El Bolsón, de Río Negro, Argentina. Se formó inicialmente en el taller de Gustavo Serra en dibujo y pintura, con Pedro Peralta en grabado, y siguió a nivel nacional con Fernando Oliveri también en pintura. A comienzos de los años dos mil, formalizó su trabajo con el arte en una academia de Róterdam y en la Real Academia de La Haya, en una etapa que confiesa “muy rica”, y que remarcó en su obra, su “aurea expresionista” de la cual se siente adepta como corriente artística. Pasó por el Spring Studio de Minerva Durham, en NYC, profundizando el dibujo de la figura humana, complementando su aprendizaje en el taller de alfarería de Mariana Soler (Taller Terracota). Expuso en Uruguay, Países Bajos, Noruega, en happening, instalaciones, muestras colectivas e individuales, y actualmente se presentó en la Casa de la Cultura de El Bolsón, en su 1ra Feria de Arte Libre.

Sus pinturas presentan mucha intensidad, cargada en colores primarios, cálidos, en un expresionismo abstracto visualmente armónico y equilibrado, donde el cuerpo femenino, sensual, desnudo, alterna frecuentemente en la figuración, sobre líneas firmes que lo sustentan y definen, identificando y separando nítidamente cuerpo y color, persona y panorama, entre ojos –también recurrentes-, que están y no están, surgiendo desde el fuerte cromatismo volátil. De igual modo, sus dibujos monocromáticos, se concentran en la desnudez, como en poses, luchas, danzas, momentos, que parecen apelar subyacentemente a la reflexión, emergentes de un vacío que el propio cuerpo llena con naturalidad y movimiento, como buscando sin vergüenzas, descubriendo y revelando la rica ductilidad sensible del pincel de la artista.

Acortando distancias, ¿Qué es el arte? quiso descubrir otra historia de un artista uruguayo, sus colores, sus porqués, otro elixir personal de la expresión abierta del arte, y encontramos más profundidad, más intensidad, en una interesantísima conversación que se desarrolló con la propia desnudez de las obras, invitando a todos, al baile sanador de lo artístico. Y empezamos como siempre…

¿Qué es el arte?

Es un misterio, como dios. De la misma manera reúne lo más humano y divino de la existencia, y se manifiesta a través del poder creativo, muy de dios, y de los sentidos, muy del hombre.


De la misma manera que las culturas y religiones a través de la historia, mutan la forma de dios, lo hacen con el significado del arte, y de qué lugar ocupa en el mundo. De todas maneras, hay algo intangible e inexplicable sobre ambas cosas, y de la misma manera real: dan sentido. No hay que entender, hay que abrirse y sentir, el arte es para los sentidos. El alma luego entiende. Las formalidades e intelectualizaciones existen solo para mi análisis crítico, pero no es medio ni fin de la obra.

Y en última instancia, es un producto cultural, que requiere cierto estudio, cierta maestría sobre el medio utilizado, que no considero sea necesariamente académica. Y que todos podemos experimentar y disfrutar.

¿Cuándo te viste enfocada y atrapada por el arte, y cuándo le empezaste a dedicar horas?

Mi padre siempre me dijo que desde muy pequeña era una “artista”, por lo que diría que fue un muy buen observador, y que, como creía Picasso, la personalidad marca tu destino, pues hasta el día de hoy siento que el arte lo respiro y aplico en mi vida, de forma biológicamente natural.


De todas maneras, no fue hasta el comienzo del siglo XXI, que busqué formalizarme. Fue entonces cuando entre en la SKVR en Róterdam, una academia libre de artes, para armar mi portafolio, necesario para aplicar a las escuelas de bellas artes. Luego de circundar en todo tipo de medios visuales, apliqué a De Kooning en Róterdam y a la Real Academia de La Haya, decidiéndome por la última. Fue una etapa muy rica, pero dura en mi vida personal, lo cual remarcó el drama de mi obra, y mi aurea expresionista, escuela de la cual me siento adepta.

El idioma (holandés) era algo limitante y, pensándolo con mis actuales 31 años, fue muy tonto de mi parte negarme a aprenderlo, pero así fue. Un período de alta rebeldía, incluso podría mencionar que en el fondo del canal en frente a la academia, yacería un busto hecho por mí, arrojado allí luego de haber sido halagado por mi profesor. Era evidente que la crítica académica me molestaba.

Algo muy interesante de Holanda era la constante interacción que tuve con estudiantes del conservatorio de música y la academia de danza. De esto si tomé provecho.


Un interesante proyecto que inicié fue “The Pathetic Fallacy”, que implicaba el estudio de la sinergia y la conexión visual – sonora en el acto creativo. Artistas y músicos nos juntábamos en una zona vacía del conservatorio de música, y realizábamos trabajos de improvisación musical usando reglas de comunicación, o imágenes, o palabras. También formé parte del proyecto “The Truth of the Magnet” con músicos de Noruega y otras partes del mundo, creando imágenes visuales en vivo, junto a la improvisación musical de la banda. Trabajé con happening, instalaciones, inclusive grabé un disco de música experimental (aunque no me considero música, sino siempre un artista que utiliza la música como medio), y realicé una serie de poesías, que creo describen, a mi parecer, de que se tratan mis obras pictóricas de forma mucho más transparente que cualquier descripción formal de ellas.

Si bien disfrutaba de este tipo de experiencias, el dibujo y la pintura siempre me han resultado la forma más clara y transparente para expresarme y para trabajar. Creo que los límites formales que plantean, ayudan a mi libertad expresiva. Me considero adepta de las Bellas Artes, y del expresionismo.

En Uruguay pasé por algunos talleres, entre ellos el de Fernando Oliveri, y el último que hice fue en alfarería con Mariana Soler. Ahora que me encuentro viviendo en la Patagonia argentina, continúo mi trabajo alfarero con Mariana Sicouly. Es muy oxigenante para mi rutina.

¿Por qué el expresionismo?


Desde muy joven me inquietaba la metafísica, y el existencialismo me resultaba algo lógico y trágico, algo muy compatible con el drama que me suponía el nacer y morir. El expresionismo me resulta una forma de sublimación en las artes, de ese estado espiritual. Diría que de alguna manera, apela a una redención de ese estado. Es en ese sentido que encontré los símbolos del expresionismo muy familiar y empáticos con mi pensar y sentir.

El caos expresado por aquellos artistas no expresa algo diferente del caos que se vive hoy en el mundo, y el cual percibo a mí alrededor.

Es la sublimación de ese caos, a través del arte, lo que genera ese tono de expresión. No lo elegí, supongo era mi destino.

¿Pensás que cada artista –plástico en este caso- tiene un “destino” que prevalece frente a otras actividades o disciplinas, incluso dentro del mismo desarrollo de su propio arte? ¿O van mutando, reciclándose centrípetamente frente a los estímulos contextuales históricos? ¿Cómo lo viviste y vivís vos? Y qué peso tienen las “corrientes” o “estilo dominantes”?

Te reirás de mi cita, pero como dijo “Forrest Gump”, que no era tan tonto, creo que hay un poco de ambas, del destino y de los factores como el medio, desde el momento histórico, hasta de qué color te compraba la ropa tu madre cuando eras niño. Para mí no existe tabula rasa.


Sin dudas, recordando ahora de mis años de liceo, esbozando líneas, creando imágenes a partir de pliegues provocados en el papel, extendiendo dibujos tras las manchas de tinta en la hoja, podría decir que mi forma de expresión estuvo siempre ahí. No puedo decir que es una regla que aplique en cada artista, porque cada ser vivo tiene una ecuación única, pero sé que más de uno se podrá identificar con esto.

También influyen las herramientas y posibilidades que el mundo te ofrece en tu tiempo histórico, como la concepción de arte que exista. Pero no creo que esto te defina, en todo caso, tu posición frente a este presente si lo hará.

¿Cómo ves ese juego de libre libertad que goza el artista frente a la tabula rasa del lienzo, papel o lo que sea, frente a lo disciplinario, lo técnico y los límites que eso genera? En el expresionismo los límites son mucho más flexibles y abiertos verdad? Tus obras se muestran muy libres y variadas dentro de la abstracción y las formas –posibles-, cómo te manejaste y ubicaste en tu caos?

En primer lugar, la situación deja de ser tan libre en el momento que se trata de un sujeto el que toma el pincel, pues toda tu vida, de la manera en que la hayas vivido, sentido y luego interpretado está presente en tu momento de creación. Creo que podemos verlo o no, pero no podemos evitar que sea así. Esto sucede en todo, dónde te sentás en un bondi, la forma en que cortejás a la persona que te atrae, cómo armás un sándwich…


En mi caso particular, creo mantener una particular transgresión en cuanto a la idea de un lenguaje único y común en la obra de un artista. Sé que esto me puede jugar en contra, en cuanto a la dinámica del mundo y mercado del arte, porque no busco ni me interesa realizar una imagen tipo en mi obra, algo que eventualmente hace y valoriza tu “firma”. De todas maneras, con tanta libertad, como mencionas tú, me parece poco interesante esa actitud. Me gusta lo inesperado.

En cuanto a la personalidad del artista, esa soy yo: mutante, inquieta, con cierto desapego a mi Yo pero con mucha atención a él, y esto se transmite de obra en obra. Inclusive mi caligrafía muta. Esto no es porque tenga un trastorno de múltiple personalidad, sino porque permito la permeabilidad de mis emociones sobre mi persona de forma intensa, y profunda. Es una decisión que tomé para el privilegio de esta vida finita que me toca vivir.

Al tratarse de una obra muy expresiva del mundo interno, ese elemento cambiante se manifiesta como constante en mi obra. A pesar de esto, siento una estabilidad en mi sentido de equilibrio, en cuanto a la composición. Hay algo que puedo ver de mí en cada obra, de mi forma de ordenar el universo que se perpetúa en cada obra.

¿Pensás que existe o prevalece alguna corriente sobre otra? Hubo mucho celo a lo largo de la historia del arte en un supuesto empoderamiento de UNA verdad sobre el arte, reflejado en las corrientes, parece casi obsoleto como aspiración, hoy, sin embargo existen predominios no?


Estoy de acuerdo contigo en que es una discusión sin sentido. Pero es inevitable que existan tales discusiones. Por ejemplo, en la psicología sucede con las diferentes corrientes, y de la misma manera, soy consciente que ninguna prevalece sobre otra, que todas nos describen en uno u otro nivel de nuestro constructo. Nos puede gustar una perspectiva más que otra, pero todas son válidas y aplicables.

Por otro lado, ese supuesto empoderamiento de una corriente sobre otra se puede aplicar en diferentes dominios, como el mercado del arte, la historia del mundo, el mundo de lo popular, el mundo intelectual, etc, y no soy merchant, ni historicista, ni socióloga, o snob intelectual. Tengo una postura crítica personal, solo eso.

Como artista, esos temas no me interesan, no me incumben. Yo solo puedo responder por mi obra. Y del resto, puedo decirte qué me gusta, y qué no me gusta, y porqué, pero mis argumentos para mi gusto estético / artístico de ninguna manera significan que mi concepción del arte es verdad absoluta, pero si dominan mi mundo creativo. Me parece la forma más sensata y menos rebuscada de verlo.

De esta forma podría decirte que me pierdo frente al mundo del arte plástico actual, hay mucho ahí afuera que no me llega como plástica, por su distancia de los medios tradicionales, que para mi marcan coordenadas de referencia necesarias. Tanto así, que durante mis años en Holanda, solía vestirme casualmente, con detalles de un caballero de comienzos de siglo XX, como una galera y saco largo. Era un reflejo de mi sentimiento de inadecuación con el tiempo presente. ¿Algo muy literal, no es cierto? Igual me encanta ver arte en todo, y las personas que también lo hacen, en las calles, en la gastronomía. Un mundo creativo lleva a soluciones sociales creativas, sin dudas falta de eso.

Hoy, gracias a nuevas tecnologías como las redes sociales, uno puede ir armando su mundo influente, y lo mejor de todo, no depende de a quienes los medios eligen exponer. Los artistas se exponen de la manera en que lo desean. Algunos exponen su labor día a día, mostrando ricos procesos, otros solamente trabajos terminados, y así. Son herramientas muy interesantes para descubrir otros artistas y compartir arte, más allá del establishment.


Tu trabajo se muestra muy intenso, pero en general, con un predominio de los colores primarios con un cuerpo consistente, como dando más intensidad a la propia intensidad cromática, ¿lo sentís así?

Considero que la pintura trabaja en función del dibujo en mis obras. Dibujo mucho, y a veces el dibujo muta en una pintura. Creo que la elección de colores se sujeta a mantener el orden del dibujo, y contribuir al tono emocional del mismo. La intensidad responde a ese objetivo. Me encantan los colores puros, las sutilezas de los contrastes que generan en su posición frente a los demás colores. Encuentro un equilibrio en ese tipo de exaltación cromática, como mencionas tú.

Ahora pasaste a unos dibujos que se instalan también en tu libre expresión abstracta pero monocromáticamente, ¿Qué cambios filosóficos y estéticos sentís que existen a- priori en ese click dibujo-óleo y qué te aporta cada uno?


Son diferentes puntos de partida, y a veces puntos que se intersectan, como en “Raíces”. En el dibujo, el drama que transmita la obra depende más de los símbolos, lo busco transmitir en miradas, en lenguaje corporal de las figuras, en la relación que se genera entre ellos y quien lo observa; en cambio en la pintura, los colores marcan tonos emocionales, estados de ánimo, si se quiere, y permiten aún más ambigüedad en la percepción, juego mucho con eso, con la posibilidad de diferentes interpretaciones que descansen en la subjetividad de quien las ve.

Hay disciplinas que siempre mantengo: los sketchbooks, donde trabajo mucho el dibujo libre en carbonilla o tinta, el dibujo de figura humana, interpretaciones de mis maestros, como Matisse y Lautrec entre otros, y la pintura, tanto acrílico, como óleo, donde manejo una dinámica muy parecida a la que se da en el sketchbook, con un punto de inicio muy libre. Por esto no siento un click, creo que es parte de un proceso interno continuo. Las imágenes más concretas suelen nacer de un dibujo de mis sketchbooks que me haya atrapado. Pero nunca planifico a priori hacer un dibujo para luego pintar, sucede naturalmente.

¿Cómo ves el arte en general en Uruguay, y particularmente en plástica? Y si tuvieras mágicamente la posibilidad de tener un puesto que te diera la posibilidad de generar cambios, ¿Qué te gustaría hacer?

Veo mucha gente con talento y ganas de crear, compartir, exponer y poder vivir haciendo esto, pero el sistema establecido no tiene una filosofía inclusiva, y esto me parece algo pobre. Cuando me encontraba en Holanda, hice unas cuantas exposiciones, me incluyeron en un montón de proyectos, y yo era simplemente una estudiante de bellas artes que ni siquiera hablaba holandés, sin embargo para poder exponer en Uruguay he tenido hasta que pagar por ese derecho, lo cual no me parece bien. Y no se trata solo de un tema de presupuesto, o de que Holanda es una cuna de arte histórica, es una cuestión de cabeza. Con la globalización de la información ya no hay excusa. Pasa lo mismo con la música, no permite el crecimiento del músico. Si no sos alguien con nombre, terminás pagando para poder tocar en algún lugar, porque no sos “profitable” para una sociedad que le interesa solo lo famoso. Esto empobrece mucho a la cultura en general, y desmotiva a cualquier persona que quiera ser músico o artista, porque sabe que el 70% de su vida tendrá que gastarla en hacer un laburo que mantenga su vida, y si tiene suficiente pasión, que soporte un proyecto paralelo con su arte, al cual no le estará dando la atención que merece y requiere.


A veces jodo con la frase “si fuera presidente…”, por mi deseo impotente de cambiar las cosas, pero sin dudas me parece vital un cambio de cabeza, de las personas que gestionan el mercado del arte, y del sistema. Si no tenés un interés nato por el arte, no lo ves ni en figurita, esto me parece terrible. ¿Cómo el arte se ha transformado en algo de tan pocos? ¿Creemos que esto le aumenta el valor? Como artistas nos reímos de los poderosos capitalistas, de estas grandes cabezas que dirigen el mundo a la ruina, pero de alguna manera, se repite un poco ese esquema, al ser un mundo tan excluyente. Y esto se termina reflejando pobremente en la sociedad, que si no ve un nombre conocido en una muestra, no va. No hay curiosidad.

Creo que sería evolucionado darle al arte un lugar más preponderante en la vida de todos, creo que sanaría unas cuantas almas. Da más paz que el Prozac, te eleva más que las drogas, te enriquece más que el consumismo desmedido, etc. Porque da sentido, porque te conecta con lo infinito, un nivel espiritual que te redime del mundano vivir.

Y es vital hacerlo desde pequeños, en la escuela, en el liceo, un adolescente necesita de algo como las artes, está en un momento de su vida muy caótico, el arte ayuda a ordenar tu universo y darle sentido. No es para pocos, es para todos. Como discípulos de esta pasión, ese debería ser nuestro mensaje.

 

Entrevista: Marcelo Reyes