Entrevista a Fernando Toja

“el arte aporta realmente a una mejor sensibilidad. Y por ende a una mayor conciencia de ser… en esencia es espiritual, cala hondo en el alma humana, hace visible lo invisible, como consecuencia puede generar una apertura de conciencia en el espectador.”

 

Actor, director, docente, FERNANDO TOJA, se formó en la Escuela de Arte Dramático del Teatro Circular de Montevideo y en la Escuela Internacional de Teatro para América Latina y el Caribe. Actuó en obras como El Jardín de los Cerezos; El Herrero y la muerte; Ah, Machos; Bufones, etc.; y como director en El Plauto, de la Comedia Nacional; Murga Madre, Premio Florencio 2002 como Mejor espectáculo musical; La última tentación de Cristo; Montevideo Amor; El Polilla; Murga Madre; Gracias por todo; etc. También se desempeño como letrista de carnaval en los Buby`s, Diablos Verdes, Contrafarsa, Queso Magro, entre otras, donde obtuvo varias distinciones. Fue docente en varios institutos formales de educación primaria y secundaria, y en talleres de teatro, desempeñándose actualmente en esa función en la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático Margarita Xirgu, y en el Colegio y Liceo Latinoamericano.

Estrenó hace unos días en la Sala Atahualpa del teatro El Galpón, “La Fiesta. Están todos invitados”, obra creada en base a la propuesta de la institución para conmemorar los 40 años del golpe de estado en Uruguay. Un trabajo colectivo de investigación y dramatización, donde diferentes visiones y estilos interactúan con los actores desde la corporalidad, la naturaleza expresiva y los matices generacionales. Un juego de la memoria con las pequeñas historias que conformaron los años del golpe y la huelga general.

Convocado para hablar de arte, para contarnos sobre su vinculación y relacionamiento con las tablas, encontramos un artista enamorado del teatro. Encontramos vocación, y mucha sensibilidad. Y empezamos por el título de la sección:

¿Qué es el arte?

Esa palabra tan cortita y tan profunda, misteriosa e incalificable. Hay explicaciones de enciclopedia, pero me quedo con no saber que es el arte, para así desde el no saber, valernos del arte para crear y creer otras realidades, para espejar una ilusión de otras ilusiones. Alimento para el espíritu y confusión para la razón.

¿Cómo te vinculaste con lo artístico, tanto informal como formalmente?

Me vinculé formalmente, ingresando a la escuela de arte escénico del “Teatro Circular de Montevideo”. Allí aprendí mucho y vivencié la felicidad de una vocación.

¿Qué papel social, colectivo e individual ves jugar al arte en sociedad?

No lo tengo claro, pero si tengo la certeza que el arte aporta realmente a una mejor sensibilidad. Y por ende a una mayor conciencia de ser. No hay mayor arte que el trabajo con uno mismo. Ser mejor persona, cuesta mucha creación y entrega desde y con uno mismo. Generar un pensamiento propio, fuera del rebaño. Nos necesitamos y eso es un arte.

¿Qué representa para vos el teatro en el amplio abanico artístico, y cómo lo vivenciaste a lo largo de tu carrera?

El teatro uruguayo es conmovedor. Ver que generaciones enteras han dado parte grande de sus vidas de forma anónima, silenciosa, para crear espacios y sueños para que otros sueñen. Y ver que nuestro teatro se afianza con propuestas diversas, nuevos artistas, y se sigue, y se sigue, con una pasión que ninguna razón puede explicar. Es admirable. He vivenciado el teatro con mucho placer, también obsesión, postergaciones, he conocido a grandes seres, y he aprendido mucho, desde que fui un estudiante de teatro, hasta dando clases, dirigiendo y actuando. Es cierto también, que se deja mucho en este oficio, y puede pasar que perdés conciencia de tu propia vida que es mucho más importante que tu rol de creador. Como siempre es una cuestión de equilibrio y de opciones.

Según tu experiencia. ¿Qué tanto terapéutico tiene –como dicen- el teatro y por qué? ¿Y cuánto de apertura y desarrollo sicofísico y espiritual se puede encontrar y desarrollar en él?

Sin duda el teatro es sanador. Conmueve, moviliza, provoca. El personaje es una pieza de un puzzle, y esa pieza puede ser el espejo donde se vea reflejado el espectador. Ese fragmento espeja un comportamiento similar al del espectador. Y éste reacciona, se emociona, se conmueve, reflexiona. La manifestación artística en esencia es espiritual, cala hondo en el alma humana, hace visible lo invisible, como consecuencia puede generar una apertura de conciencia en el espectador. Si se logra la comunicación con el público, este va a seguir viniendo a participar de ese curioso y fantástico ritual, donde unos seres humanos ven y escuchan a otros seres humanos, y ambos se expresan.

¿Se puede tener “identidad teatral” en un país, dadas sus características idiosincráticas e históricas? En Uruguay, en ese sentido, ¿se puede destacar con algún rasgo predominante? ¿O es más bien universalista en todo lugar? (¿Esto estaría directamente vinculado a las piezas representadas o a las características y definiciones artísticas de sus ejecutantes?)

Pienso que la identidad teatral está dada por la voz propia de los creadores. La identidad no pasa por hacer únicamente dramaturgia nacional, se puede tener identidad haciendo un Shakespeare. Sin recetas ni formulas. El método es no tener método. Investigar, descubrir. La identidad es tener un discurso y lenguaje expresivo propio. Nuestra cultura fue afrancesada casi todo el siglo veinte, la mirada occidental, europeizada, era su característica y dominante su ideología. Es en una nueva corporalidad, una forma de accionar, de interpretar el imaginario a través del cuerpo, que a su vez genera un decir propio, sin representar modas o métodos establecidos.

A nivel de espectador y amante del género, ¿Qué obras te marcaron, tanto a nivel internacional como nacional y por qué?

Más que marcaron, me contagiaron su calidad y exigencia. Me fascina la invención, el teatro creado con ingenio y poesía. No me encasillo en un tipo de teatro. Disfruto de las creaciones bien hechas. He visto mucho teatro, y es difícil seleccionar algunos ejemplos. Puedo citar a modo de ejemplo espectáculos dirigidos por Omar Grasso: “Las tres hermanas”, “Lorenzaccio”; Jorge Curi: “El herrero y la muerte”, “Doña Ramona”; Héctor Manuel Vidal: “Diario de un loco”, “Emigrados”, “Gatomaquia”; Roberto Suarez: “La estrategia del comediante”; “Bienvenido a casa”... Hay muchos excelentes creadores en nuestro país. Del exterior, me fascina la poética de “La Zaranda”, entre otros grandes espectáculos y propuestas que he visto.

¿Qué futuro augurarías al teatro y al arte en general?

Creo que se está viviendo un gran momento del teatro uruguayo, encontrando y proponiendo un teatro con voz propia. La formación de los nuevos actores es sólida, con mayor conciencia del dominio de sus medios técnicos expresivos. Hay calidad y propuesta en las distintas generaciones de directores como Mariana Percovich, Alberto Rivero, Marianella Morena, el constante y apasionado creador Jorge Denevi, Gabriel Calderón, y tantos otros que forman una lista de calidad y de variadas propuestas. El futuro del teatro es siempre el presente. Al ser un arte del “aquí y ahora”, del instante que jamás vuelve, siempre está siendo. Y existan políticas de apoyo o no, el teatro está vivo porque trasmite la vida misma. Y en medio del caos de este mundo, y de la falta de amor, el teatro está allí justamente para restituir ese caos y esa falta de amor.

 

Entrevista: Marcelo Reyes
Fotos:      Alejandro Persichetti